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Una reflexión colectiva sobre la capacidad de ejecutar
Siete conclusiones para los Comités de Dirección
Un marco para interpretar la inteligencia colectiva
La inteligencia colectiva comienza con la diversidad
La metodología de inteligencia colectiva de The Game Changers Lab
El estado de la ejecución · ¿Qué está frenando hoy la capacidad de ejecución de las organizaciones?
El desplazamiento del valor · ¿Cómo cambia la creación de valor cuando la inteligencia empieza a formar parte de la operación?
La mirada de negocio · Cuando tecnología y negocio dejan de ser conversaciones distintas
Un ecosistema de inteligencia colectiva para organizaciones que quieren decidir mejor
Contar con la estrategia adecuada ya no es suficiente para garantizar resultados. Lo que determina el éxito es la capacidad de ejecutarla al ritmo que exige el entorno.
Durante los últimos años, las empresas han hecho un esfuerzo por determinar y comprender el impacto de la inteligencia artificial. Se han definido prioridades, explorado nuevos casos de uso, incorporado plataformas, desplegado pilotos y comenzado a integrar capacidades que, hace apenas unos años, parecían reservadas al futuro.
El debate ha estado dominado por una misma pregunta. ¿Qué puede hacer la inteligencia artificial por nuestra organización? Sin embargo, a medida que estas capacidades abandonan el laboratorio y pasan a formar parte de la operación cotidiana, aparece la siguiente pregunta ¿Está realmente preparada la organización para absorberlas, gobernarlas y convertirlas en resultados sostenibles?
Ese es el punto de partida de The Game Changers Spain · Summer Edition 2026. No se trata de volver a discutir el potencial de la inteligencia artificial, el análisis se desplaza hacia el lugar donde toda transformación termina siendo validada: qué capacidades necesitan las organizaciones para asegurar impacto y ejecución adecuada.
Este Playbook no pretende documentar un evento. Tampoco reproducir ponencias o recopilar opiniones individuales. Su propósito es mucho más exigente. Transformar inteligencia colectiva ejecutiva en criterio para la toma de decisiones.
Cada intercambio mantenido durante la jornada ha sido contrastado, sintetizado y organizado siguiendo la metodología de The Game Changers Lab para identificar los patrones que comenzaron a repetirse entre organizaciones de distintos sectores, niveles de madurez y contextos competitivos.
Delimita las principales tensiones que condicionan hoy la capacidad de ejecución.
Explora los grandes desplazamientos estratégicos en la creación de valor y la relación entre negocio y tecnología.
Traslada la reflexión al terreno operativo: bloqueos, experiencias y capacidades decisivas.
Amplía el análisis con la mirada personal de quienes lideraron cada sesión.
El resultado no es un resumen de lo ocurrido. Es un mapa de interpretación. Un mapa de tensiones, desplazamientos, bloqueos, capacidades e implicaciones para quienes tienen la responsabilidad de transformar sus organizaciones.
La inteligencia artificial es ya una capacidad que comienza a incorporarse de forma progresiva a la operación de las organizaciones, y en esta sesión de The Game Changers Spain · Summer Edition 2026 hemos querido profundizar en una pregunta clave para continuar en esta línea: ¿qué necesita desarrollar una organización para convertir esa inteligencia en capacidad de ejecución?
El análisis reunió a más de un centenar de líderes empresariales pertenecientes a organizaciones de distintos sectores, modelos de negocio y niveles de madurez digital. El contraste de experiencias permitió identificar patrones que comenzaron a repetirse con independencia del contexto de cada organización.
De ese proceso de inteligencia colectiva emergen siete conclusiones que trascienden los casos individuales y apuntan hacia algunos de los principales retos que deberán afrontar los Comités de Dirección durante los próximos años.
La mayoría de las organizaciones comparte prioridades similares en torno a la inteligencia artificial. La diferencia aparece cuando esas prioridades deben trasladarse a la operación. La ventaja competitiva ya no está exclusivamente en identificar nuevos casos de uso sino en la capacidad para ejecutarlos de forma consistente, escalable y sostenible.
Los principales bloqueos identificados durante la reflexión colectiva no estuvieron relacionados con la tecnología, sino con capacidades personales y organizativas, como Gobierno. Ownership. Arquitectura. Modelos operativos. Adopción. Medición del valor. La inteligencia artificial deja de entenderse como un proyecto tecnológico para convertirse en un proceso de construcción organizativa.
La democratización del acceso al conocimiento deja de constituir una ventaja diferencial suficiente y modifica la forma en que organizaciones y partners crean valor conjuntamente. El contexto, el criterio, la integración de capacidades y la aceleración de la ejecución adquieren un protagonismo creciente. Ese mismo desplazamiento redefine también el papel del liderazgo tecnológico.
La experiencia de cliente basada en el diseño de interacciones se enriquece con el role creciente de procesos, agentes inteligentes y canales. Mantener una experiencia coherente exige desarrollar capacidades de coordinación, contexto compartido y gobierno capaces de integrar esa complejidad.
La incorporación progresiva de agentes inteligentes modifica la forma en que las organizaciones ejecutan su operativa y gestionan las decisiones. La autonomía deja de ser únicamente una cuestión tecnológica y se convierte en un desafío de gobierno dónde definir límites, responsabilidades, delegación, mecanismos de supervisión y criterios de reversibilidad emergen como elementos clave del despliegue.
La inteligencia artificial se despliega entre plataformas, procesos y áreas de negocio. A medida que aumenta el número de agentes, también aumenta la necesidad de construir modelos capaces de proporcionar visibilidad, trazabilidad, atribución y gobierno. La gestión de la IA y la IA agéntica atraviesa varios ámbitos de responsabilidad, desde la tecnológica a la financiera, pasando por un nuevo tipo también de responsabilidad organizativa.
La excelencia técnica continúa siendo necesaria pero deja de ser suficiente para mantener posiciones de liderazgo en industrias de gran base tecnológica. En un escenario donde el acceso a la tecnología, a la información y a la automatización, se devuelve el peso al Liderazgo con mayúsculas, con las capacidades clave de comprender el negocio, conectar disciplinas, movilizar a la organización y generar impacto sobre los resultados.
El intercambio desarrollado durante The Game Changers Spain · Summer Edition 2026 permite extraer una conclusión que atraviesa todo este Playbook. La inteligencia artificial seguirá evolucionando. Será más accesible. Más potente. Y estará presente en un número creciente de procesos de negocio. Sin embargo, la ventaja competitiva no dependerá únicamente de la velocidad con la que una organización incorpore nuevas capacidades tecnológicas. Dependerá de la rapidez con la que consiga desarrollar las capacidades organizativas necesarias para absorberlas, gobernarlas y convertirlas en capacidad de ejecución.
Ese desplazamiento obliga a ampliar el debate en los Comités de Dirección. La cuestión ya no consiste únicamente en preguntarse qué puede hacer la inteligencia artificial, la cuestión es:
Este documento puede recorrerse de principio a fin. Pero también puede leerse como una secuencia de preguntas que acompañan el mismo recorrido realizado durante la jornada.
¿Qué está frenando hoy la capacidad de ejecución de las organizaciones?
¿Cómo cambia la creación de valor cuando la inteligencia empieza a formar parte de la operación?
¿Qué capacidades deben desarrollarse antes de esperar resultados de la inteligencia artificial?
¿Cómo se coordina una experiencia cuando intervienen múltiples inteligencias, procesos, canales y personas?
¿Qué debe estar resuelto antes de permitir que un agente opere con autonomía?
¿Cómo se gobierna una organización cuando la inteligencia comienza a distribuirse entre plataformas, procesos y áreas de negocio?
¿Y cómo debe evolucionar el liderazgo cuando tecnología y negocio dejan de ser conversaciones distintas?
Cada capítulo responde a una de estas preguntas. Juntos desarrollan una tesis que atraviesa todo el Playbook. La inteligencia artificial seguirá evolucionando. Se volverá más accesible. Más potente. Más integrada en la operación. La verdadera ventaja competitiva, sin embargo, no dependerá únicamente de la tecnología que una organización sea capaz de incorporar. Dependerá de las capacidades que sea capaz de desarrollar para absorberla, gobernarla y convertirla en ejecución. Porque, cuando la inteligencia deja de ser escasa, la capacidad para ejecutarla se convierte en el verdadero factor diferencial.
La calidad de una conversación ejecutiva no depende únicamente del nivel de sus participantes. Depende, sobre todo, de la diversidad de perspectivas que consigue reunir. Por ese motivo, la selección de participantes constituye una parte esencial de la metodología de The Game Changers Lab. Cada sesión reúne líderes responsables de tecnología, transformación, datos, innovación, operaciones y negocio pertenecientes a organizaciones de distintos sectores, modelos de negocio y niveles de madurez digital.
La diversidad constituye una condición metodológica para que puedan emerger patrones compartidos entre organizaciones que, aparentemente, afrontan realidades muy diferentes. Es precisamente ese contraste el que permite transformar experiencias individuales en inteligencia colectiva y convertir posteriormente esa inteligencia en criterio para la toma de decisiones.
El intercambio integró organizaciones pertenecientes, entre otros, a ámbitos como:

Diseñar conversaciones para construir criterio ejecutivo
La transformación de una organización rara vez fracasa por falta de información. Los Comités de Dirección tienen hoy acceso a más conocimiento, más estudios, más tendencias y más casos de éxito que en cualquier otro momento de la historia. Y, sin embargo, las decisiones continúan siendo difíciles porque resulta cada vez más complejo interpretar qué significa esa información para el contexto específico de cada organización y convertirla en capacidad de ejecución.
Ese es el propósito de la metodología de inteligencia colectiva de The Game Changers Lab. No reunir conocimiento. Construir criterio. Nuestro objetivo no consiste únicamente en organizar conversaciones entre líderes. Consiste en diseñar un proceso capaz de transformar la experiencia acumulada de cientos de directivos en inteligencia colectiva y convertir posteriormente esa inteligencia en conocimiento útil para acelerar la toma de decisiones.
El intercambio constituye el punto de partida. Nunca el resultado. El verdadero valor aparece cuando esa inteligencia colectiva se contrasta, se sintetiza, se estructura y se transforma en un marco de interpretación que permita comprender mejor la realidad y actuar sobre ella. Ese proceso constituye la base metodológica de The Game Changers Lab. Y este Playbook representa su resultado.
La metodología se construye como un proceso progresivo de generación de inteligencia colectiva. Cada reflexión responde a una pregunta distinta. Cada dinámica incorpora un nivel adicional de profundidad. Y cada etapa prepara el terreno para la siguiente. No se trata de una sucesión de sesiones independientes. Se trata de un recorrido diseñado para avanzar desde la comprensión del contexto hasta la identificación de capacidades que permitan acelerar la ejecución.
La metodología se articula alrededor de cinco niveles complementarios.
Executive Briefing
Construir un marco común de interpretación antes de iniciar la conversación.
Executive Intelligence Power Circles
Comprender los grandes desplazamientos que están modificando la creación de valor y el liderazgo de las organizaciones.
Executive Challenges
Contrastar esos desplazamientos con la experiencia real de organizaciones que ya están ejecutando la transformación.
Deep Dives
Ampliar la reflexión incorporando la experiencia y el criterio de quienes lideraron cada debate.
Playbook
Destilar toda la inteligencia generada para convertirla en conocimiento estructurado para los Comités de Dirección.
Cada nivel cumple una función específica. Juntos conforman un único proceso de generación y destilación de inteligencia colectiva.
A mitad de año, muchas organizaciones ya no están diseñando su transformación. La están ejecutando. Las decisiones han sido tomadas. Los presupuestos han empezado a desplegarse. Los proyectos están en marcha. Las prioridades son conocidas. Y, sin embargo, es precisamente entonces cuando empiezan a aparecer las preguntas más difíciles. No porque las organizaciones hayan decidido mal. Sino porque la ejecución siempre descubre una realidad que la planificación sólo puede anticipar parcialmente.
El primer intercambio de Summer partió de esa constatación, articulada en torno a la siguiente pregunta: ¿Qué está dificultando hoy que las organizaciones ejecuten al ritmo que necesitan?
El debate apuntó hacia un conjunto de tensiones que empiezan a repetirse en organizaciones de distintos sectores y niveles de madurez.
Lejos de aparecer de forma aislada, estas tensiones tienden a reforzarse entre sí. Los sistemas heredados condicionan la incorporación de nuevas capacidades. La fragmentación del dato limita la capacidad para escalar iniciativas. Los modelos de gobierno evolucionan con más lentitud que la tecnología. Y la adopción deja de entenderse como una cuestión de formación para convertirse en una transformación de procesos, responsabilidades y formas de trabajo.
Muchas organizaciones disponen ya de hojas de ruta, prioridades y apuestas tecnológicas relativamente claras. La diferencia empieza a estar en la capacidad para sostener la ejecución cuando aumentan simultáneamente la complejidad, la velocidad del entorno y las dependencias internas.
La inteligencia artificial amplía las posibilidades de automatización, experimentación y creación de valor. Al mismo tiempo, hace visibles con mayor rapidez tensiones relacionadas con el dato, el gobierno, la responsabilidad, la regulación, la seguridad, los costes, la adopción y la redefinición de nuevos roles.
El debate regresó una y otra vez a una idea compartida: sin datos preparados resulta muy difícil escalar la inteligencia artificial. La calidad, la accesibilidad, la trazabilidad y el ownership del dato siguen condicionando la capacidad para convertir los casos de uso en impacto real.
El intercambio evolucionó progresivamente hacia liderazgo, coordinación entre áreas, modelos de decisión, responsabilidad, gobierno y cultura. La tecnología continúa siendo un habilitador esencial, pero muchas de las fricciones que ralentizan la ejecución se encuentran fuera de ella.
Adoptar nuevas capacidades implica revisar procesos, roles, métricas, responsabilidades y formas de trabajar. La transformación ya no depende únicamente de implantar tecnología, sino de preparar a la organización para operar de una manera diferente.
La capacidad de ejecución emerge como uno de los principales factores diferenciales entre organizaciones.
La inteligencia artificial exige evolucionar de forma coordinada el dato, el gobierno, el liderazgo, la seguridad, la responsabilidad, el ownership, los procesos y los modelos operativos.
Los bloqueos deben interpretarse como indicadores de la capacidad real de transformación de la organización.
La velocidad tecnológica solo genera ventaja cuando la organización es capaz de absorberla y convertirla en ejecución.
La adopción debe abordarse desde el inicio como una capacidad organizativa y no únicamente como una fase de implantación.
Créditos — El Executive Briefing ha sido liderado por José Fernández Valo (Vicepresidente y Partner, Kyndryl). Como compañía líder mundial en servicios de infraestructura tecnológica, Kyndryl acompaña a algunas de las mayores organizaciones del mundo en la modernización de entornos críticos, la transformación digital y la incorporación de nuevas capacidades basadas en datos e inteligencia artificial.
Como Strategic Partner de la sesión, Kyndryl ha contribuido activamente a la construcción del análisis, aportando su experiencia en transformación tecnológica y capacidad de ejecución para examinar los principales retos que hoy condicionan la capacidad de las organizaciones para convertir la estrategia en resultados.
La creación de valor entre organizaciones y partners ha respondido históricamente a un equilibrio relativamente estable. Las organizaciones recurrían a sus partners para incorporar capacidades que no siempre existían internamente: conocimiento especializado, experiencia, tecnología, recursos o capacidad de ejecución para afrontar proyectos de transformación cada vez más complejos.
Ese equilibrio no desaparece. Pero empieza a evolucionar. La incorporación progresiva de capacidades de inteligencia artificial —especialmente capacidades agénticas capaces de ejecutar acciones dentro de los procesos de negocio— modifica la forma en que las organizaciones acceden al conocimiento, toman decisiones y generan valor.
La conversación se articuló en torno a la pregunta ¿Qué valor seguirá siendo diferencial cuando la IA sea cada vez más accesible?
A medida que avanzó la reflexión colectiva comenzó a hacerse evidente una idea compartida. El valor no desaparece. El valor se desplaza. La disponibilidad creciente de inteligencia no reduce la necesidad de colaboración entre organizaciones y partners. La transforma. Y la transforma porque muchas capacidades que hasta ahora solo podían incorporarse desde fuera empiezan a estar disponibles dentro de la propia organización, siempre que exista contexto, criterio y capacidad para integrarlas.
El intercambio evidenció que el verdadero cambio consiste en redefinir cómo se construye valor conjuntamente. Ese desplazamiento afecta a ambas partes de la relación. Las organizaciones necesitan evolucionar sus modelos de liderazgo, gobierno y toma de decisiones para aprovechar plenamente las nuevas capacidades. Los partners, por su parte, necesitan demostrar un valor que va más allá de la especialización técnica, contribuyendo a conectar estrategia, tecnología, organización y ejecución dentro de una misma conversación.
El análisis también confirmó otro cambio relevante. La demanda de capacidades emerge desde múltiples áreas de negocio, impulsada por nuevas oportunidades de automatización, análisis, experiencia de cliente y eficiencia operativa.
Esta fue, en definitiva, una de las ideas más sólidas que emergieron de este Executive Intelligence Power Circle. La inteligencia artificial no reduce la importancia de las relaciones. Las hace más estratégicas. Porque, cuando la inteligencia comienza a estar disponible para todos, la ventaja competitiva deja de depender exclusivamente de aquello que cada organización aporta de forma individual y empieza a construirse sobre aquello que organizaciones y partners son capaces de desarrollar conjuntamente.
Cinco desplazamientos comienzan a redefinir la forma en que organizaciones y partners crean valor conjuntamente.
Cuando el acceso a la inteligencia artificial —generativa y agéntica— se democratiza, el valor comienza a desplazarse hacia la capacidad para interpretar el contexto propio, priorizar decisiones y convertir conocimiento disponible en impacto real para cada organización.
La ventaja competitiva depende cada vez menos exclusivamente de incorporar tecnología y se construye sobre la capacidad para integrar personas, procesos, plataformas y datos dentro de una misma lógica de transformación.
La transformación deja de entenderse como una sucesión de proyectos independientes para convertirse en un proceso continuo de adaptación, aprendizaje y desarrollo de capacidades.
El intercambio apuntó hacia modelos de colaboración más estrechos, donde organizaciones y partners comparten cada vez más responsabilidad sobre la generación de impacto. En este nuevo contexto, el valor del partner no reside únicamente en aportar conocimiento externo, sino en ayudar a que la organización desarrolle y active mejor sus propias capacidades.
En un entorno cada vez más complejo, el valor comienza a desplazarse hacia quienes son capaces de conectar disciplinas, coordinar ecosistemas y facilitar decisiones que integren múltiples capacidades.
La inteligencia artificial no elimina la necesidad de colaboración; redefine la forma en que organizaciones y partners construyen valor conjuntamente.
El acceso al conocimiento deja de ser un elemento diferencial suficiente. El contexto, el criterio y la capacidad para integrar capacidades adquieren un protagonismo creciente.
La transformación evoluciona desde una lógica basada en proyectos hacia modelos de colaboración continuos, orientados al desarrollo de capacidades organizativas.
La creación de valor dependerá cada vez más de la capacidad para conectar estrategia, tecnología, organización y ejecución dentro de una misma conversación.
La confianza, el contexto compartido y la construcción conjunta de capacidades se consolidan como activos estratégicos para acelerar la transformación.
Los Comités de Dirección deberán revisar de forma continua qué capacidades constituyen una ventaja competitiva para la organización, cuáles conviene desarrollar internamente y en qué ámbitos los partners aportan especialización, contraste y capacidad de aceleración.
Créditos — Este Executive Intelligence Power Circle ha sido liderado por Jorge Valero (CIO, Grupo ST) y enriquecido por la experiencia y el contraste de perspectivas aportados por Óscar Joaquín Cristóbal Martín (COFARES), Rafael Claret Socorro (ACCIONA) y Pedro Mur Buil (NTT DATA).
Como Strategic Partner de la sesión, NTT DATA ha contribuido activamente a la construcción del debate, aportando experiencia práctica y una visión estratégica sobre cómo evoluciona la creación de valor entre organizaciones y partners en la era de la inteligencia artificial.
Estas son las fricciones que aparecen con más frecuencia en las organizaciones que intentan acelerar la adopción de la inteligencia artificial.
Muchas organizaciones han conseguido desarrollar pilotos y primeros casos de uso, pero encuentran dificultades para convertir esas iniciativas en capacidades sostenibles que puedan extenderse al conjunto de la organización.
La falta de claridad de responsables del dato por un lado (data owners) y responsables de los casos de uso por otro (business owners), dificulta el éxito de los casos de uso para que aporten valor real de negocio
La falta de modelos de gobierno y mecanismos de priorización provoca que las iniciativas evolucionen de forma poco coordinada y con dificultades para escalar.
La fragmentación tecnológica y la dificultad para integrar datos, plataformas y procesos incrementan la complejidad operativa y ralentizan la ejecución.
Con frecuencia, los casos de uso avanzan sin métricas compartidas que permitan conectar el esfuerzo realizado con resultados tangibles para el negocio, dificultando la priorización y la continuidad de las inversiones.
Muchas organizaciones impulsan casos de uso de inteligencia artificial como iniciativas aisladas, sin un marco estratégico que permita priorizarlos y conectarlos con objetivos de negocio, e integrarlos dentro de una arquitectura común que permita generar sinergias. Como consecuencia, proliferan pilotos y pruebas de concepto que rara vez llegan a producción y generan valor real de negocio
Las organizaciones que consiguen acelerar su capacidad de ejecución comparten un conjunto de capacidades muy concretas.
Definir un modelo organizativo alrededor del dato, con responsabilidades claras y una metodología de identificación y priorización de iniciativas que permitan escalar los casos de uso y medir el valor de negocio a lo largo del tiempo.
Asignar responsables claros sobre productos de datos, casos de uso y generación de valor para asegurar continuidad y capacidad de evolución.
Garantizar datos fiables, accesibles y consistentes como base para construir soluciones robustas y sostenibles.
Diseñar plataformas capaces de integrar capacidades para la IA, reducir complejidad y facilitar el escalado de nuevas iniciativas a través de la reutilización de componentes de la plataforma
Construir soluciones orientadas a resolver problemas reales del negocio y facilitar su adopción por parte de los usuarios.
Medir continuamente el comportamiento de modelos, procesos y resultados para detectar desviaciones, mejorar el rendimiento y mantener la confianza. Además, de cumplir con la normativa regulatoria
Definir métricas que conecten la inteligencia artificial con resultados tangibles para el negocio y orienten las decisiones de inversión y escalado.
La calidad del dato continúa siendo un requisito imprescindible, pero deja de ser suficiente para explicar el éxito de las iniciativas de inteligencia artificial.
La preparación organizativa pasa a condicionar tanto la capacidad de ejecución como la propia preparación tecnológica.
El principal reto deja de ser identificar casos de uso y pasa a ser desarrollar las capacidades necesarias para convertirlos en resultados sostenibles.
Gobierno, ownership, arquitectura y medición del valor deben evolucionar de forma coordinada para facilitar el escalado de la inteligencia artificial.
La inteligencia artificial deja de gestionarse como una iniciativa exclusivamente tecnológica para consolidarse como una capacidad transversal de la organización.
Las organizaciones que desarrollen antes estas capacidades estarán mejor posicionadas para acelerar su capacidad de ejecución y escalar la inteligencia artificial de forma sostenible.
Créditos — Este Executive Challenge ha sido liderado por Pablo Ríos (New Business Development Lead, Keepler), compañía especializada en estrategia de datos e inteligencia artificial nativa en la nube. Su experiencia en la industrialización de plataformas de datos y el escalado de soluciones de IA la ha convertido en un referente en proyectos de transformación basados en datos e inteligencia artificial.
Como Strategic Partner de la sesión, Keepler ha contribuido activamente a la construcción del debate, aportando una visión práctica sobre cómo conectar los casos de uso con el valor de negocio y diseñar capacidades preparadas para escalar la inteligencia artificial de forma sostenible.
Seis fricciones dificultan hoy la construcción de experiencias consistentes en organizaciones cada vez más distribuidas.
Los datos continúan dispersos entre canales, plataformas y áreas de negocio, impidiendo construir una visión continua del cliente durante toda la relación.
La innovación depende con frecuencia de estructuras donde negocio, tecnología e innovación evolucionan a ritmos diferentes, dificultando la coordinación de la experiencia.
La necesidad de cumplir requisitos regulatorios y de protección de datos introduce nuevas fricciones cuando se pretende ofrecer experiencias fluidas y personalizadas.
Muchas iniciativas no alcanzan su verdadero potencial porque la organización invierte poco en adopción, capacitación y cambio cultural. La tecnología avanza más rápido que las personas.
Con frecuencia las organizaciones comienzan preguntándose qué puede hacer la inteligencia artificial, cuando la pregunta debería ser qué necesita realmente resolver el cliente.
Las organizaciones que logran construir experiencias más consistentes comparten un conjunto de capacidades muy concretas.
Contexto compartido — Garantizar que toda interacción parte del conocimiento acumulado de la relación con el cliente y que dicho contexto acompaña al usuario durante todo su recorrido.
Orquestación — Coordinar personas, inteligencia artificial, procesos y canales para que operen como un único sistema de relación.
Gobierno — Definir con claridad cuándo debe intervenir la inteligencia artificial, cuándo debe asistir al profesional y cómo se coordinan ambas capacidades.
Adopción — Acompañar la transformación mediante formación, cambio cultural y nuevas capacidades organizativas que permitan aprovechar el potencial de la inteligencia artificial.
Medición — Evaluar el impacto de la experiencia mediante indicadores conectados con resultados de negocio y no únicamente con métricas operativas.
Diseño centrado en la necesidad — Comprender primero qué necesita resolver el cliente antes de decidir qué tecnología utilizar para hacerlo posible.
Créditos — Este Executive Challenge ha sido liderado por Nicolás Grosso (Account Executive, Genesys), compañía líder mundial en soluciones de Customer Experience (CX) y Contact Center, reconocida por ayudar a las organizaciones a transformar la relación con sus clientes mediante inteligencia artificial, automatización y orquestación omnicanal.
Como Strategic Partner de la sesión, Genesys ha contribuido activamente a la construcción del debate, aportando una visión práctica sobre cómo la inteligencia artificial está transformando la experiencia de cliente, la coordinación entre personas y tecnología y la evolución hacia modelos de relación más inteligentes, personalizados y conectados.
Estas fricciones aparecen de forma recurrente cuando las organizaciones intentan incorporar agentes de inteligencia artificial en procesos reales.
Las reglas de delegación existentes fueron concebidas para equipos humanos. Cuando un agente empieza a ejecutar acciones con autonomía, esos mismos modelos dejan de responder adecuadamente a las nuevas formas de operación.
La automatización puede delegar la ejecución de una tarea, pero no elimina la necesidad de definir quién responde por sus consecuencias. La ausencia de modelos claros de responsabilidad dificulta la adopción de agentes en procesos críticos.
La revisión humana deja de ser suficiente cuando los agentes operan de forma continua y a gran velocidad. Mantener el mismo modelo de supervisión termina convirtiéndose en un cuello de botella para la organización.
Permitir que un agente actúe implica también decidir cómo limitar su autonomía, detener una actuación o revertir acciones ya ejecutadas cuando las circunstancias lo requieran.
Incorporar autonomía de forma responsable y sostenible exige desarrollar un conjunto concreto de capacidades.
Definir con claridad qué decisiones pueden delegarse, bajo qué condiciones y cuáles deben permanecer bajo supervisión humana.
Integrar la inteligencia artificial agéntica dentro de los modelos corporativos de riesgo, cumplimiento y toma de decisiones, estableciendo criterios comunes para su despliegue y evolución.
Asignar responsabilidades explícitas sobre las decisiones ejecutadas por agentes y sobre sus resultados, manteniendo siempre una trazabilidad clara de la responsabilidad final.
Diseñar mecanismos capaces de monitorizar, validar y corregir el comportamiento de los agentes durante toda su operación, sin depender exclusivamente de revisiones manuales.
Garantizar que las decisiones automatizadas puedan comprenderse, justificarse y auditarse, reforzando la confianza tanto dentro como fuera de la organización.
Incorporar mecanismos que permitan retirar autonomía, detener procesos o revertir acciones cuando el contexto lo exija.
Construir un marco de gobierno que permita desplegar agentes inteligentes preservando la confianza de clientes, empleados y resto de grupos de interés.
La incorporación de agentes inteligentes exige revisar los modelos de delegación antes de conceder autonomía.
Delegar la ejecución de una tarea no implica delegar la responsabilidad sobre sus consecuencias.
Los mecanismos de supervisión y control deben evolucionar al mismo ritmo que la autonomía de los agentes.
La trazabilidad y la reversibilidad se consolidan como capacidades esenciales para gobernar la inteligencia artificial agéntica de forma responsable.
El gobierno de la inteligencia artificial pasa a integrarse dentro de la estrategia corporativa y deja de ser una cuestión exclusivamente tecnológica.
La ventaja competitiva dependerá tanto de la capacidad para desplegar agentes inteligentes como de la capacidad para establecer, supervisar y gobernar su autonomía.
Créditos — Este Executive Challenge ha sido liderado por Rubén Villar Escudero (Director Technology Strategy, CONVOTIS Iberia), compañía especializada en servicios tecnológicos, transformación digital y modernización de sistemas empresariales. Su experiencia en estrategia tecnológica, integración y evolución de arquitecturas la convierte en un actor especialmente relevante para abordar los nuevos modelos de gobierno que exige la inteligencia artificial agéntica.
Como Strategic Partner de la sesión, CONVOTIS Iberia ha contribuido activamente a la construcción del debate, aportando una visión práctica sobre cómo definir límites, responsabilidades, supervisión y mecanismos de control cuando los agentes inteligentes empiezan a operar con mayor autonomía.
Gestionar agentes que ya forman parte de la operación cotidiana plantea fricciones muy concretas.
Falta de visibilidad transversal — Los agentes aparecen distribuidos entre plataformas, herramientas y desarrollos propios, dificultando disponer de una visión global sobre dónde operan, qué hacen y qué recursos consumen.
Dificultad para atribuir costes y decisiones — El consumo de inteligencia artificial queda repartido entre múltiples áreas y procesos, haciendo complejo relacionar cada coste, cada decisión y cada resultado con un agente concreto o con un responsable claramente identificado.
Modelos de gobierno fragmentados — Cada plataforma incorpora sus propios mecanismos de administración, supervisión y control. La organización carece con frecuencia de un modelo transversal que permita gobernar el conjunto de la flota de agentes.
Difícil atribuir responsabilidad — A medida que aumenta la autonomía de los agentes resulta más difícil determinar quién responde por sus actuaciones, especialmente cuando intervienen sobre clientes, empleados o procesos críticos.
Dificultad para equilibrar innovación y control — Las organizaciones quieren acelerar la adopción de agentes, pero necesitan hacerlo sin perder capacidad de supervisión, cumplimiento normativo y confianza
Gobernar una organización donde la inteligencia artificial se convierte en un recurso distribuido exige desarrollar las siguientes capacidades.
VISIBILIDAD
Disponer de una visión integrada sobre el conjunto de agentes, independientemente de la plataforma en la que operen, facilitando el seguimiento de su actividad y evolución.
TRAZABILIDAD
Relacionar cada interacción, decisión y consumo con un agente, un proceso y un responsable claramente identificados, favoreciendo la rendición de cuentas y el análisis de impacto.
GOBIERNO TRANSVERSAL
Construir modelos comunes de gobierno que integren negocio, tecnología, riesgo y cumplimiento, evitando que cada plataforma evolucione de forma aislada.
CADENA DE AUTORIZACIÓN
Definir con claridad quién autoriza, supervisa y responde por la actuación de los agentes, especialmente cuando intervienen sobre procesos críticos o personas.
OPTIMIZACIÓN
Conectar el consumo de recursos con el valor generado para facilitar decisiones de priorización, inversión y mejora continua, evitando que el crecimiento de la flota derive en ineficiencias.
CULTURA DE GOBIERNO
Desarrollar capacidades organizativas que permitan incorporar agentes de forma progresiva, manteniendo el equilibrio entre autonomía, control y confianza.
La incorporación de un número creciente de agentes convierte la inteligencia artificial en un recurso distribuido que requiere nuevos modelos de gobierno.
La visibilidad sobre el conjunto de agentes deja de ser una cuestión operativa para consolidarse como una capacidad estratégica.
La atribución de costes, decisiones y responsabilidades resulta imprescindible para escalar la inteligencia artificial de forma sostenible.
El gobierno de la inteligencia artificial exige integrar negocio, tecnología, riesgo y cumplimiento dentro de un mismo modelo de decisión.
La ventaja competitiva dependerá tanto de la capacidad para desplegar agentes inteligentes como de la capacidad para gobernarlos, optimizar su utilización y conectar su actividad con el valor generado para la organización.
Créditos — Este Executive Challenge ha sido liderado por Unai Obieta Jiménez (Co-CEO & Founder, rebAI), profesional con una amplia trayectoria en transformación digital, datos e inteligencia artificial, especializado en ayudar a las organizaciones a convertir estas capacidades en impacto real para el negocio. Su experiencia en estrategia, gobierno y adopción de la IA ha aportado una perspectiva especialmente valiosa para abordar los desafíos que plantea la gestión de una inteligencia distribuida.
Como Strategic Partner de la sesión, rebAI ha contribuido activamente a la construcción del análisis, aportando una visión práctica sobre el gobierno de agentes inteligentes, la trazabilidad, la accountability y los modelos necesarios para escalar la inteligencia artificial de forma responsable y sostenible.
La transformación digital, en un camino de años, está consiguendo un objetivo claro: acercar el negocio y la tecnología hasta hacer que en la mayoría de las compañías, ambos se identifiquen como “uno” en plena “Era Digital”. Fruto de este acercamiento se crearon perfiles híbridos, nuevos modelos de colaboración y estructuras destinadas a reducir la distancia entre quienes definían la estrategia y quienes desarrollaban las capacidades tecnológicas necesarias para ejecutarla.
La inteligencia artificial acelera ese proceso hasta un punto en el que tecnología y negocio van de la mano formando parte de una misma conversación.
A medida que avanzó el Executive Intelligence Power Circle comenzó a consolidarse una idea compartida. El valor vuelve a desplazarse. Durante mucho tiempo la diferenciación estuvo asociada al conocimiento técnico. Hoy, a medida que ese conocimiento se democratiza, el valor se desplaza de forma más evidente hacia la capacidad para comprender el negocio, interpretar prioridades, conectar disciplinas y transformar oportunidades en decisiones ejecutables. Ese cambio modifica también el papel del liderazgo tecnológico.
El intercambio dejo claro que ya no basta con comprender la tecnología ni con acompañar al negocio en sus procesos de transformación. Cada vez resulta más necesario asumir responsabilidades directas sobre la creación de valor ya que al comprender el modelo de negocio, al ser negocio, se pueden leer y anticipar oportunidades antes incluso de que se conviertan en demandas explícitas.
La reflexión colectiva mostró además que la figura tradicional del perfil híbrido empieza a resultar insuficiente. Durante años fue suficiente con contar con profesionales capaces de traducir las necesidades del negocio al lenguaje tecnológico. Hoy esa capacidad deja de ser patrimonio de unos pocos. Empieza a convertirse en una competencia que la organización necesita desarrollar de forma transversal. Las áreas de negocio incorporan capacidades tecnológicas. Los equipos tecnológicos profundizan en la comprensión del negocio. La frontera entre ambos acelera en el camino emprendido hace años de difuminarse.
El análisis también abordó la forma en que deben evolucionar las organizaciones para facilitar esa convergencia. Los modelos transversales. La proximidad entre innovación y operación. La capacidad para influir sin depender exclusivamente de estructuras jerárquicas. Y la creación de equipos multidisciplinares. Todo ello apareció como un elemento decisivo para acelerar la adopción y evitar que la tecnología evolucione desconectada de las prioridades reales del negocio.
Hubo una reflexión final que merece especial atención. La excelencia tecnológica sigue siendo necesaria. Pero deja de ser suficiente. El liderazgo tecnológico pasa a medirse por su capacidad para generar impacto sobre el negocio, acelerar la ejecución y construir valor de forma colaborativa.
Seis capacidades adquieren una relevancia creciente en organizaciones donde negocio y tecnología evolucionan como una única conversación.
Comprensión del negocio — Entender los modelos de creación de valor y participar activamente en las decisiones estratégicas.
Colaboración transversal — Conectar equipos, disciplinas y prioridades para acelerar la ejecución.
Influencia — Movilizar a la organización más allá de la autoridad formal, generando alineamiento alrededor de objetivos compartidos.
Anticipación — Identificar oportunidades y proponer soluciones antes de que las necesidades sean explícitas.
Liderazgo del cambio — Impulsar la transformación organizativa facilitando la adopción de nuevas capacidades.
Orientación a impacto — Evaluar la tecnología por el valor que genera para el negocio y no únicamente por su complejidad técnica.
El valor competitivo continúa desplazándose desde el conocimiento técnico hacia la capacidad para integrar negocio, tecnología y ejecución.
La capacidad de conectar negocio y tecnología deja de ser patrimonio de unos pocos perfiles y se convierte en una capacidad organizativa compartida.
La influencia, la colaboración transversal y la anticipación adquieren un peso creciente en el liderazgo tecnológico.
Las organizaciones necesitan modelos operativos capaces de integrar estrategia, innovación y ejecución dentro de un mismo marco.
La tecnología deja de entenderse como un área de soporte para consolidarse como un componente inseparable de la estrategia y de la creación de valor.
Créditos — Este Executive Intelligence Power Circle ha sido liderado por Kiko León (CIO, Iskaypet) y enriquecido por la experiencia y el contraste de perspectivas aportados por Lucía Flecha Lozano (Digital Transformation and CIIO Office Director, Ferrovial) y Julio César Pereira (Iberia Sales Director, DXC Technology).
Como Strategic Partner de la sesión, DXC Technology ha contribuido activamente a la construcción del debate, aportando su experiencia en transformación empresarial, modernización tecnológica e inteligencia artificial para analizar cómo convergen negocio y tecnología en la creación de valor para las organizaciones.

José Fernández Valo · Vicepresidente y Partner · Kyndryl · Lead · Executive Briefing
La transformación tecnológica, o digital, es un concepto tan repetido que a veces parece haber perdido fuerza. Sin embargo, nunca ha sido tan determinante. La tecnología ya no es solo una palanca de eficiencia ni un territorio exclusivo de IT. Es un factor de competitividad, resiliencia, regulación, relación con clientes y empleados, y posicionamiento estratégico en un contexto geopolítico más complejo. La mayoría de las compañías ya la incorpora como un activo fundamental en sus planes estratégicos. Pero la pregunta diferencial no es solo qué adoptar, sino cómo convertir esas apuestas en impacto real, sostenido y gobernado. No falta ambición; el reto está en construir un sistema de ejecución capaz de escalar de forma rentable y sostenida.
El primer desafío es el dato. La IA ha elevado su importancia a otro nivel: puede haber datos sin IA, pero no hay IA útil sin dato fiable. Durante años hemos hablado de organizaciones data-driven, pero la IA obliga a profundizar. No basta con acumular información. Hay que saber qué datos son críticos, quién responde por ellos, qué calidad tienen, qué trazabilidad ofrecen, bajo qué reglas pueden usarse y si están preparados para alimentar decisiones, automatizaciones o agentes inteligentes. Una mala estrategia de dato no solo limita la analítica tradicional. En un entorno de IA, amplifica errores, sesgos, duplicidades y decisiones basadas en contextos incompletos. Por eso, el dato debe gestionarse como un activo estratégico: con propósito, gobierno, calidad, acceso seguro y responsabilidad clara. La ventaja no estará solo en el modelo, sino en el contexto que lo alimenta.
El segundo reto es la necesidad de reimaginar procesos. Muchas organizaciones aplican IA sobre procesos diseñados para otro contexto competitivo. Automatizan tareas, lanzan pilotos prometedores o generan eficiencias parciales, pero no siempre se preguntan si el proceso completo debería seguir existiendo tal y como está concebido. La IA generativa, y especialmente la agéntica, permite una aproximación distinta. No se trata solo de asistir a una persona en una tarea, sino de desplegar capacidades que puedan interpretar un objetivo, coordinar pasos, interactuar con sistemas, proponer decisiones y ejecutar acciones bajo determinados controles. Esto obliga a rediseñar flujos de trabajo, responsabilidades, supervisión, métricas y modelos de riesgo. La IA agéntica no debería verse como una capa tecnológica más, sino como una invitación a repensar cómo opera una organización: qué decisiones deben seguir siendo humanas, qué tareas pueden delegarse, qué procesos pueden pasar de secuenciales a dinámicos, qué sistemas deben integrarse para actuar con contexto y qué controles deben incorporarse desde el diseño. En este marco, enfoques como Policy as Code son cada vez más relevantes para escalar con velocidad, trazabilidad y control.
El tercer desafío es la adopción. La transformación no ocurre porque una tecnología esté disponible. Ocurre cuando las personas confían en ella, entienden cómo usarla, perciben su utilidad y adaptan su forma de trabajar. Dar acceso a IA no equivale a transformar el trabajo. La adopción exige liderazgo, comunicación, formación, rediseño de roles, nuevos incentivos y una conversación honesta sobre el impacto en las personas. También exige gestionar miedos legítimos: pérdida de control, sustitución, dependencia tecnológica, exceso de vigilancia o falta de criterio para validar resultados. En definitiva, exige gestión del cambio.
Y para terminar, uno de los grandes desafíos: cómo gobernar toda esa descentralización y heterogeneidad de la tecnología. La capacidad tecnológica ya no reside únicamente en IT. Las áreas de negocio compran soluciones, construyen automatizaciones, consumen datos, experimentan con IA y rediseñan parte de sus procesos. Esta realidad acelera la innovación, pero también puede generar fragmentación, duplicidades, riesgos de seguridad y regulatorios, costes ocultos y arquitecturas difíciles de escalar. La respuesta no puede ser volver a centralizar todo ni frenar la iniciativa del negocio. El reto es construir un modelo federado: autonomía cerca del negocio, pero con estándares comunes, plataformas reutilizables y criterios claros de arquitectura, seguridad, dato, cumplimiento y retorno. Innovar de forma distribuida, sí; pero sin perder coherencia, control ni capacidad de escalar.
En esta nueva etapa, la tecnología debe convertirse en una capacidad organizativa. La pregunta clave para los equipos directivos no es solo qué iniciativas lanzar, sino qué sistema de ejecución necesitan construir: cómo gobiernan la tecnología distribuida, cómo convierten el dato en un activo fiable, cómo rediseñan procesos para capturar el potencial de la IA y cómo acompañan a la organización para que la adopción sea real. La ventaja competitiva de los próximos años no estará únicamente en invertir en IA, dato o modernización. Estará en reducir antes que otros la fricción que impide escalar. En pasar del piloto a la operación de misión crítica. De la ambición al impacto. Y de la adopción tecnológica a una verdadera capacidad de transformación.

Jorge Valero · CIO · Grupo ST · Lead · Executive Intelligence Power Circle I
Una de las consecuencias más relevantes de la inteligencia artificial es que cambia la frontera entre lo que una organización necesita pedir fuera y lo que puede empezar a desarrollar dentro. Durante años, muchas compañías decidimos externalizar el conocimiento, análisis y capacidad de ejecución porque no siempre disponíamos internamente de los recursos, la tecnología, el tiempo, la confianza (interna) o la velocidad necesarios. La IA no elimina esa necesidad de colaboración, pero sí obliga a revisarla en profundidad.
Es posible que estemos viviendo, casi sin verlo venir, el inicio de una etapa donde vuelve a cobrar sentido mirar hacia dentro, hacia los equipos que ya están, hacia las personas que conocen el negocio desde dentro y que llevan años construyendo contexto. Porque no se trata de sustituir sin más, sino de aprovechar mejor a quienes ya forman parte de la organización, a quienes entienden los matices, las limitaciones y las oportunidades reales. Porque trasladar el contexto corporativo a un partner tiene un coste mucho mayor que el tiempo o el económico y es lo que puedes perderte en el camino. El diablo aquí sí está en los detalles, y normalmente no entran en los PowerPoints.
En este contexto, empieza a cobrar fuerza un movimiento de insourcing selectivo: capacidades que antes se consideraban externas comienzan a integrarse dentro de la organización, no necesariamente sustituyendo a los partners, sino redefiniendo su papel. Algunas funciones analíticas, de generación de contenido, de modelización o incluso de diseño de soluciones pueden empezar a desarrollarse internamente cuando se combinan herramientas de IA con datos propios, conocimiento del negocio y contexto operativo.
Este desplazamiento tendrá implicaciones directas sobre el valor de los partners. Ya no será suficiente con aportar metodologías genéricas, mejores prácticas o conocimiento empaquetado. En un entorno donde la inteligencia es más accesible, el valor diferencial estará en ayudar a cada organización a interpretar mejor su propio contexto, tomar decisiones más informadas y acelerar la transformación sin perder criterio.
La colaboración seguirá siendo necesaria, pero será más exigente: menos basada en la dependencia estructural y más orientada a complementar, potenciar y escalar lo que la organización es capaz de hacer por sí misma.

Pedro Mur Buil · Partner, Head of Mobility, Transport and Logistics · NTT DATA Europe & Latam · Co-Lead · Executive Intelligence Power Circle I
Participar en la mesa redonda de The Game Changers fue un honor y también una oportunidad muy interesante para reflexionar sobre uno de los debates más relevantes que tenemos hoy en la industria tecnológica: qué papel debe jugar un partner en un contexto en el que la inteligencia artificial democratiza el conocimiento, automatiza parte de la ejecución y obliga a replantear muchos de los modelos tradicionales de creación de valor.
Una de las ideas centrales que compartí es que la IA no elimina al partner; elimina al partner indiferenciado. La contradicción entre vender soluciones de IA y que el cliente pueda utilizarlas para prescindir de nosotros solo existe si entendemos nuestro valor como capacidad, velocidad o ejecución. Si el papel del partner se limita a aportar horas, equipos o conocimiento técnico fácilmente replicable, entonces la IA representa una amenaza evidente. Pero si el partner actúa como un socio estratégico, capaz de ayudar al cliente a capturar valor, construir capacidades propias y transformar su operación, la IA no reduce su relevancia: la multiplica.
En sectores como Travel, Transportation & Logistics (TTL en adelante) esto se ve con mucha claridad. Una cosa es utilizar IA para automatizar la atención al cliente o acelerar determinados análisis operativos. Otra muy distinta es rediseñar cómo una aerolínea, un operador logístico, un aeropuerto o una compañía de transporte responde ante una disrupción crítica, optimiza activos, mejora la puntualidad, reduce kilómetros en vacío, gana resiliencia o disminuye su consumo energético. La tecnología por sí sola no transforma una operación crítica. Para hacerlo hacen falta criterio, conocimiento sectorial, integración, gobierno, adopción y cambio operativo.
Otro de los aprendizajes de la mesa fue que la IA va a redefinir profundamente qué significa ser senior. Durante años, una parte del valor de los perfiles senior ha estado asociada a coordinar equipos, movilizar capacidad, resolver problemas complejos y garantizar entregas. Todo eso seguirá siendo importante, pero ya no será suficiente. En un mundo donde la ejecución se automatiza y el conocimiento se hace más accesible, el activo diferencial será el criterio: saber qué problema merece resolverse, qué no hacer, qué riesgos asumir, cómo anticipar consecuencias y cómo conectar una decisión tecnológica con impacto real de negocio.
Ese criterio no se improvisa. Requiere experiencia, curiosidad, pensamiento crítico, valentía y perseverancia. Requiere también algo que en sectores complejos es esencial: la capacidad de "ver alrededor de las esquinas", de conectar señales débiles, anticipar disrupciones y resolver problemas antes de que se manifiesten. En TTL, donde la demanda, las rutas, la energía, la capacidad, la regulación, la geopolítica y el comportamiento del cliente cambian continuamente, esta capacidad es más necesaria que nunca.
También abordamos una cuestión clave: la propiedad de la inteligencia generada cuando un modelo se entrena o ajusta con datos y procesos del cliente. Mi posición es clara: debemos ser radicalmente transparentes. Los datos del cliente, sus procesos y la inteligencia específica generada sobre su negocio son activos estratégicos del cliente y deben protegerse como tales. El partner puede reutilizar metodologías, aceleradores y conocimiento genérico, pero nunca información confidencial ni aprendizajes específicos que comprometan la ventaja competitiva de un cliente.
De cara a los próximos años, creo que el valor diferencial del partner estará en tres dimensiones: criterio, conocimiento sectorial y capacidad de transformación. La tecnología será cada vez más accesible y la ejecución más automatizable, pero convertir IA en impacto seguirá siendo difícil. Además, la IA no es gratis: exige decisiones sobre coste, eficiencia, arquitectura, gobierno, consumo de tokens, seguridad y escalabilidad. El negocio no compra IA; compra resultados. Y en TTL esos resultados tienen nombres muy concretos: puntualidad, utilización de activos, reducción de costes, resiliencia, seguridad, sostenibilidad y experiencia de cliente.
La mesa también me permitió reflexionar sobre la evolución de los modelos comerciales. El modelo por horas pierde fuerza cuando la IA cambia radicalmente la productividad. Los modelos ligados a impacto tienen sentido, pero exigen madurez, métricas claras, gobierno compartido y capacidad real del partner para influir en el resultado. En TTL existen casos naturales: reducción de kilómetros en vacío, mejora de puntualidad, reducción de logística inversa, eficiencia energética o mantenimiento predictivo. Pero el impacto no depende solo de la tecnología; depende también de procesos, adopción, incentivos, liderazgo y decisiones operativas del cliente.
Finalmente, me quedo con una convicción: el partner del futuro será menos un integrador de tecnología y más una brújula estratégica en un entorno que no deja de moverse. El proyecto tradicional no desaparece, pero se queda corto. La IA exige acompañamiento continuo, ciclos cortos, medición de impacto, capacidad para escalar lo que funciona y valentía para parar lo que no. La tecnología se democratiza; la transformación no. Y ahí es donde los partners realmente relevantes tenemos la oportunidad —y la responsabilidad— de demostrar nuestro valor.

Pablo Ríos · New Business Development Lead · Keepler Data Tech · Lead · Executive Challenge I
El reciente dilema compartido con diversos profesionales del dato y miembros del comité de dirección durante el encuentro Game Changers Summer puso de manifiesto una realidad incómoda pero generalizada: el mercado ha alcanzado un punto de inflexión donde la fiebre de la experimentación masiva ya no es suficiente. Aunque las organizaciones demuestran un entusiasmo técnico incuestionable en el desarrollo de pilotos y pruebas de concepto (PoCs), la gran mayoría de estas iniciativas se desvanece al cruzar el umbral del comité de dirección. Quedan atrapadas en lo que denominamos el "cajón de los pilotos interesantes".
Como Business Development Manager en Keepler, mi lectura de este bloqueo radica, en primer lugar, en un profundo problema para expresar el potencial de la IA en términos de negocio. Mientras los equipos de tecnología defienden el valor técnico mediante métricas de eficiencia de modelos o capacidades generativas, la alta dirección exige un lenguaje centrado en el impacto directo sobre el P&L, la ventaja competitiva y la mitigación del riesgo operacional.
El segundo bloqueo consiste en lanzar "experimentos de laboratorio aislados" sobre los casos priorizados sin cubrir el "gap" del diseño de los casos de uso, donde cimentar la viabilidad en base a la calidad del dato existente en la organización, y centrándose en diseñar una arquitectura modular y escalable que permita la industrialización del ecosistema de agentes que soporten los casos de uso.
Respecto al plano arquitectónico, el verdadero impacto se produce al pivotar hacia un ecosistema gobernado de agentes reutilizables, diseñado bajo un pensamiento de producto (Product Thinking) y con una filosofía similar a los microservicios en la ingeniería de software. Bajo esta perspectiva, los agentes de IA actúan como entidades de software especializadas y autónomas que colaboran entre sí para resolver flujos de trabajo hipercomplejos. La gran ventaja de este enfoque no es solo la velocidad de despliegue, sino la sostenibilidad económica: un agente experto desarrollado para un caso de uso específico puede reutilizarse o conectarse de forma nativa con otros procesos de la compañía con un coste de desarrollo mínimo.
No obstante, esta red agéntica solo es viable si se asienta sobre unos cimientos de datos robustos y preparados para el consumo de los modelos (Data Readiness). Las organizaciones necesitan romper definitivamente los silos mediante arquitecturas modernas, enriqueciendo los dominios de datos desde una perspectiva de valor de negocio y estableciendo capas semánticas comunes.
En conclusión, convertir la IA en una capacidad real de negocio exige un cambio de mentalidad radical: transicionar del apagado de fuegos diario a la gestión de flujos de valor predecibles. El éxito no se mide en el número de PoCs acumuladas, sino en la capacidad de la organización para integrar de forma nativa la IA en sus procesos core, garantizando un retorno financiero sostenible.

Rubén Villar Escudero · Director Technology Strategy · CONVOTIS Iberia · Lead · Executive Challenge III
Durante la conversación del Challenge convergimos en una idea que me parece el corazón del asunto: el reto de la IA agéntica no consiste solo en construir agentes más capaces sino también en preparar a la organización para convivir con ellos. Me gustaría aportar a esa conclusión una perspectiva desde una experiencia que muchos vivimos hace no tantos años y que guarda un paralelismo notable con el momento actual: la eclosión de las API.
Quienes trabajábamos en tecnología en aquella época recordamos bien la expectativa. Las API iban a abrir las capacidades de negocio de las compañías, a facilitar la creación de ecosistemas con terceros y a acelerar la innovación al permitir que otros construyeran sobre nuestras capacidades. La promesa era real, tanto que hoy resulta difícil imaginar una estrategia digital sin ellas, aunque el camino no fue tan directo como anticipaban las presentaciones de la época. La facilidad para publicar una API hizo que proliferaran sin catálogo ni criterio común: versiones que se rompían, políticas de seguridad que dependían del equipo que las había construido y, cuando un consumidor externo tenía un problema, la incómoda constatación de que nadie respondía por aquella interfaz.
Las organizaciones que desbloquearon la situación no frenaron la publicación de API ni multiplicaron los comités de aprobación; en su lugar cambiaron la naturaleza de lo que publicaban. La API dejó de ser un proyecto técnico para convertirse en un producto: con un contrato explícito que definía qué ofrecía y bajo qué condiciones, con un propietario identificado que respondía por su evolución y sus incidencias, con políticas comunes de seguridad y consumo aplicadas desde la plataforma en lugar de revisarse manualmente caso a caso, y con un ciclo de vida completo que contemplaba desde su nacimiento hasta su retirada ordenada.
El gobierno, que muchos temían como un freno, resultó ser precisamente lo que permitió delegar el consumo de capacidades a gran escala sin perder el control sobre ellas.
Mi impresión es que con los agentes tenemos pendiente esa misma transición, del agente como proyecto al agente como producto, con un matiz que conviene no perder de vista: una API ejecuta lo que se le pide, mientras que un agente decide qué hacer para conseguir un objetivo. La delegación es de otra naturaleza y por eso el contrato también debe serlo. Ya no basta con describir una interfaz; hay que hacer explícito qué decisiones puede tomar el agente por sí mismo, sobre qué sistemas, con qué datos y cuáles debe elevar a una persona. El propietario ya no responde solo de la disponibilidad, sino de las consecuencias de esas decisiones, lo que exige nombrarlo antes del primer despliegue y no después del primer incidente.
No pretendo sugerir que la traslación sea automática, porque cada organización parte de una cultura y un apetito de riesgo distintos, y los agentes plantean preguntas que las API nunca nos hicieron. Aun así, creo que la lección de fondo sigue siendo válida y nos puede ahorrar tiempo de aprendizaje: la tecnología cumplió su promesa cuando dejamos de tratarla como un experimento y empezamos a gobernarla como un producto.

Unai Obieta Jiménez · Co-CEO & Founder · rebAI · Lead · Executive Challenge IV
Cuando empecé a trabajar con organizaciones que adoptaban inteligencia artificial, la conversación giraba siempre en torno a la misma pregunta: dónde aporta valor, qué caso de uso priorizar, qué asistente desplegar. Era una conversación de elección. Hoy ha cambiado de naturaleza, y muchos comités de dirección todavía no lo han asumido del todo. Ya no elegimos herramientas: recibimos agentes. Llegan dentro del CRM, de la nube y de la ofimática que la organización ya tenía pagada, sin que nadie los pida expresamente ni decida conscientemente incorporarlos.
Los números dimensionan el salto. Una organización media convive ya con más de doce agentes, la mitad operando en silos, y Gartner proyecta más de 150.000 por gran empresa en 2028, partiendo de menos de quince en 2025. Es un cambio de escala que rompe cualquier modelo pensado para desplegar soluciones una a una. Y el gobierno no acompaña: solo el 21 % de las organizaciones dice tener un modelo maduro para gobernar agentes, y Gartner anticipa que en 2027 el 40 % tendrá que degradar o retirar agentes autónomos por fallos detectados solo tras un incidente en producción. La adopción ha dejado de ser la pregunta. La pregunta es el gobierno.
Gobernar una flota distribuida tiene una dificultad concreta: no está en un sitio, está repartida por todas partes. Cada agente vive en un entorno distinto —CRM, nube, ofimática, desarrollos propios— y cada entorno gobierna solo lo suyo, con su consola, sus reglas y su factura. Nadie gobierna por encima. Esa es, para mí, la raíz del problema: no nos falta tecnología, nos falta una capa transversal que aplique las mismas reglas a lo que hoy nadie controla de forma conjunta.
¿Y qué es lo que nadie controla? Lo resumiría en cuatro frentes: el coste, lo que cada agente pregunta y consume, la ética de lo que decide y quién responde. Sobre el coste he aprendido que medir el gasto no basta. El coste por interacción ha pasado de unos 0,04 dólares en 2023 a más de un dólar en los sistemas orquestados de 2026, cerca de treinta veces más, y el consumo no gobernado cuesta de media cientos de miles de dólares al año. Lo difícil no es ver una factura que se triplica, sino responder, agente a agente, qué consume, a qué proceso pertenece, quién lo pidió y qué valor devuelve. Sin trazar, atribuir y conectar coste con valor, no se gobierna: se paga.
El segundo frente me preocupa más, porque no se mide en euros. No todo agente debería poder preguntarlo todo ni decidir sobre cualquiera. Y conviene desmontar un mito: el mayor riesgo no es el ataque externo. Gartner estima que hasta 2028 más del 80 % de las transacciones no autorizadas de agentes vendrán de violaciones internas de las propias políticas —datos sobreexpuestos, uso indebido, comportamiento mal encaminado—, no de actores maliciosos. Basta imaginar un agente que nadie desplegó rechazando a un cliente o descartando a un candidato, y enterarse tarde: por una queja, por LinkedIn o por una carta del regulador. Y esa carta ya no es hipotética: las obligaciones de alto riesgo del Reglamento Europeo de IA aplican desde agosto de 2026, y marcos como el de Singapur ya exigen que cada agente tenga una identidad verificable y una ficha de autorización.
Esto enlaza con la accountability, hoy más literal de lo que parece. Las identidades no humanas —agentes, tokens, cuentas de servicio— ya superan a las humanas en una proporción cercana a 45 a 1, y hasta 144 a 1 en entornos nativos de nube. Si no asignamos a cada agente una identidad, una autorización y un responsable, la pregunta «¿quién responde?» no tiene respuesta: la trazabilidad se vuelve inviable justo cuando más la necesitamos. La accountability no puede improvisarse cuando el daño ya ocurrió; tiene que estar definida antes.
Si tuviera que condensarlo en una idea: el gobierno de la IA ha dejado de ser una cuestión operativa para convertirse en una capacidad estratégica. Exige un modelo, no una suma de controles aislados por plataforma, que integre en una misma mesa negocio, tecnología, riesgo y cumplimiento. Ahora bien, gobernar bien no es aplicar el mismo control rígido a todos los agentes —eso, advierte Gartner, conduce al fracaso—: es exigir las mismas reglas de visibilidad y trazabilidad a toda la flota, con controles proporcionales al riesgo de cada agente. Y a esta escala, parte del gobierno lo ejercerá la propia IA: ya aparecen agentes cuya función es supervisar a otros agentes. Solo el 13 % de las organizaciones cree que gobierna su flota: es una cifra incómoda, pero también una oportunidad. La ventaja competitiva no dependerá de cuántos agentes despleguemos, sino de nuestra capacidad para gobernarlos, optimizar su uso y conectarlos con el valor que generan. Quien resuelva antes el gobierno escalará con confianza; quien no, seguirá pagando por una inteligencia que no puede ver ni defender.

Kiko León · CIO · Iskaypet · Lead · Executive Intelligence Power Circle II
El cambio de paradigma que vivimos viene marcado principalmente por la aceleración y democratización de las capacidades habilitadas por la IA. Así, va camino de comoditizar una parte importante de la capacidad de ejecución de proyectos y de las competencias técnicas, que es donde tradicionalmente residía el valor de los perfiles digitales y de tecnología. Esto no es nuevo, llevamos tiempo hablando de ello. Lo que sí es nuevo es la enorme aceleración en la velocidad de este cambio.
La creación de valor de la función ya no está enfocada en los cómos, que ahora marcan el suelo pero no el techo. Está y lo va a estar cada vez más en los para qués y los qués. Anticipación e inteligencia contextual, liderazgo desde la visión.
Lo que nos trajo hasta aquí, por sí solo, no nos llevará hasta allí. No es cuestión de olvidar lo que ya sabemos hacer, sino de añadir nuevas competencias y evolucionar.
La capacidad de ejecución técnica no es suficiente, pero sigue siendo necesaria. Ya no es exclusiva del departamento de IT, pero para que esto realmente ocurra y genere impacto, hacen falta competencias técnicas para construir una arquitectura que permita que el modelo crezca de manera segura, soberana en la medida de lo posible y con los costes bajo control. La cantidad de tecnología que se va a generar, desde luego, garantiza más entropía y complejidad, para lo que será necesario que el CIO desarrolle capacidades de visión transversal y orquestación.
Para entender dónde va a estar ahora esa aportación de valor, es necesario un entendimiento muy profundo y completo del negocio, una nueva mirada, y a partir de ahí desarrollar una visión estratégica. La capacidad de anticipación, de foresight, de integración de fuentes e inputs diferentes son competencias a potenciar.
Al tiempo, los ciclos de cambio son cada vez más rápidos y en ocasiones impredecibles, así que es necesario combinar esa visión con la capacidad de adaptación. Tanto a nivel individual, desde un liderazgo que aporte mucho contexto y promueva la autonomía de los equipos, como a nivel organizacional con equipos y perfiles multidisciplinares, capaces de integrar aprendizajes rápidamente y entender los cambios de prioridad, distribuyendo la capacidad de toma de decisiones. Puede parecer contraintuitivo, pero es necesario imaginar el futuro y prepararse para él y, al mismo tiempo, tener la humildad de reconocer que, en el entorno volátil en el que vivimos, las cosas pueden no ser como las imaginábamos. Y necesitaremos la flexibilidad de cambiar de dirección cuando sea necesario.
Y, finalmente, en un momento en el que están pasando tantas cosas al mismo tiempo y la atención es un factor escaso, cada vez cobra más valor distinguir la señal entre el ruido: desarrollar espíritu crítico y criterio propio, entender dónde la tecnología no es la mejor solución y dónde las personas vamos a hacer la diferencia, saber aplicarla sin desnaturalizar la propuesta de valor, que aumente en lugar de sustituir.
Esta evolución es un camino que cada uno tenemos que recorrer encontrando nuestro ritmo. Porque, en definitiva, en una época en que la tecnología puede abrumarnos, leer y profundizar, nunca parar de seguir aprendiendo, sigue siendo el mayor superpoder.

Julio Cesar Pereira · Iberia Sales Director · DXC Technology · Co-Lead · Executive Intelligence Power Circle II
Tuve la suerte de asistir al magnifico evento de The Game Changers Lab, Summer Edition, de donde me llevé muchas conversaciones muy interesantes, grandes reflexiones y una visión más amplia que cuando llegué.
Pero si hay algo que me impactó fue como esta revolución nos está abriendo unos a otros, como nos está empujando a compartir experiencias, preocupaciones y, por qué no, esperanzas. Cierto es que The Game Changers Lab proporciona un ambiente y marco perfecto para que surja esa colaboración, pero la velocidad de evolución de esta nueva realidad y la incertidumbre que la acompaña hace que todos nos acerquemos y abramos de una forma cercana y franca.
Múltiples temas han sido tratados, debatidos, compartidos y aunque no es sencillo hacer una selección, alguno de ellos son mas estructurales en mi modesta opinión. La importancia de las personas y las organizaciones no es menor que en otras disrupciones, se antoja si cabe mayor en elementos como el gobierno de los datos o de las redes de agentes que vienen. La cercanía, cada vez mayor, de tecnología y negocio hace que todos los actores, clientes y socios tecnológicos, tengamos que redefinir nuestro papel y como podemos seguir aportando y generando valor. Una frase muy repetida y acertada es que quien vea en la IA solo una herramienta de ahorros estará perdiéndose una oportunidad relevante para usarla como ventaja competitiva, como herramienta para redefinir nuestros procesos core, para encontrar nuevos canales o formas de hacer negocio, en definitiva, de escalar el uso de esta nueva tecnología.
Se habló de la regulación como algo necesario, a veces percibido como un elemento ralentizador pero que cada vez mas se está entendiendo como un factor clave que bien entendido se convierte en una ventaja competitiva, por ejemplo, en el empleo de soluciones de IA soberana que, entre otras cosas, nos pueden ayudar a tener un mayor control de los gastos asociados a modelos de IA.
En definitiva, en toda revolución o gran transformación hay tres ejes que marcan todo proyecto: la tecnología, las organizaciones y las personas. Mas que nunca parece que la tecnología y la velocidad a la que evoluciona es un catalizador de este cambio y nos toca a las organizaciones y las personas transformarnos para adecuarnos a esa velocidad, con procesos de decisión mas rápidos, inversiones decididas en menos tiempo, nuevas formas de colaboración, mayor flexibilidad en los contratos y capacidad de formarnos y volver a formarnos. Mythos representa un paradigma que puede ser extendido a otras áreas, la identificación y capacidad de explotación de vulnerabilidades a velocidad de máquina nos obliga a defender, parchear y proteger a velocidad de máquina.
Esta velocidad exige un cambio casi cultural: de la organización que planifica anualmente a la que experimenta semanalmente. No se trata solo de herramientas más rápidas, sino de decisiones más reversibles, inversiones más modulares, fracasos menos costosos. Y aquí las personas no solo adaptan procesos—rediseñan qué preguntas hacer.
En la época de la velocidad de máquina, las personas seremos igual o más importantes porque podremos diferenciar lo que de verdad aporta valor a nuestro negocio, hacer que, de verdad, se marque una diferencia, la intuición sobre los datos, el pensamiento sistémico serán características que nos harán seguir aportando valor.
La ironía de la revolución es que cuanto más rápida es la máquina, más crítica es la mirada humana que decide qué perseguir.
The Game Changers Lab es una comunidad ejecutiva creada para ayudar a las organizaciones a transformar el debate en criterio y el criterio en capacidad de ejecución. Reunimos a líderes empresariales, expertos y organizaciones de distintos sectores para contrastar experiencias, compartir aprendizajes y construir conocimiento colectivo sobre algunos de los principales desafíos que están redefiniendo el futuro del negocio. A través de metodologías propias de inteligencia colectiva, convertimos reflexiones estratégicas en marcos de interpretación que ayudan a los Comités de Dirección a tomar decisiones mejor informadas en entornos de creciente complejidad.
Conversaciones estructuradas entre líderes que permiten identificar patrones, contrastar experiencias y generar conocimiento compartido.
Un ecosistema de directivos que aprenden unos de otros, conectan capacidades y construyen relaciones que trascienden cada encuentro.
Cada iniciativa está diseñada para transformar reflexión en decisiones y conocimiento compartido en capacidad de ejecución.
El intercambio no termina aquí. Continúa en The Game Changers Lab, una comunidad donde la inteligencia colectiva se convierte en una ventaja competitiva para quienes lideran la transformación. www.thegamechangerslab.com
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Este Playbook es el resultado de un ejercicio de inteligencia colectiva construido a partir de los intercambios mantenidos durante The Game Changers Spain · Summer Edition 2026. Cada una de las ideas recogidas en estas páginas nace del contraste de experiencias, perspectivas y aprendizajes compartidos por los directivos que participaron en esta edición. Su generosidad al compartir retos reales, decisiones, aciertos y dificultades ha permitido transformar un debate ejecutivo en un marco de interpretación útil para otras organizaciones.
Queremos expresar un agradecimiento especial a todas las compañías participantes por su confianza y por contribuir activamente a la construcción de este espacio de inteligencia colectiva.
Nuestro reconocimiento se extiende también a los Circle Leads, Challenge Leads, miembros del Steering Committee y expertos invitados, cuya experiencia, generosidad y capacidad para facilitar conversaciones de alto nivel han resultado esenciales para enriquecer el debate, contrastar perspectivas y profundizar en los principales desafíos abordados durante esta edición.
Participantes destacados (por orden alfabético)
Finalmente, queremos agradecer a las organizaciones que hicieron posible esta edición mediante su colaboración como Strategic Partners. Su contribución fue mucho más allá del patrocinio. Participaron activamente en la construcción del debate, aportando experiencia, conocimiento y compromiso con el desarrollo de una comunidad ejecutiva orientada a compartir criterio y acelerar la transformación de las organizaciones.
A todos ellos, gracias por contribuir a construir una reflexión colectiva que continúa más allá del evento y que hoy toma forma en este Playbook.